Shwiya shwiya hacia el tryongl
Un reto de altura
Si tú me dices voy, lo dejo todo.

Era noviembre de 2025 cuando se puso en marcha un nuevo reto de CRIS: La ascensión al Toubkal, el techo de Atlas, un 4000 aparentemente sencillo. El mes de abril estaba ya repleto de actividades en la agenda. Yo había pensado que el 2026 se iba a caracterizar por traer un poco más de calma. Pero si tu cordada decide que ese es el primer cuatro mil de Montañas de Vida, no sirve un no por respuesta. Como tantos otros retos deportivos en mi vida, tuvo que venir María a explicármelo. Un día te convence de que vas a correr el maratón alpino madrileño y otro te hace ver claro que necesitas ascender el Toubkal junto a ella, Sonia y Maite. No se habló más. Pacto de señoras firmado para la ascensión. En nuestro camino de aprendizaje de la montaña, sabemos que las montañas se suben porque están ahí, pero cuando esa ascensión se viste de homenaje, de reto, se llena de significado.
La vida es caprichosa y no imaginábamos que el reto sería también homenaje. Pepe Monge comentaba en noviembre que el Toubkal había sido su primer cuatro mil veinticinco años atrás, altitud no superada hasta que ascendió al Kilimanjaro. Este mes, nuestro reto iba también por él. El nos deseaba “salud y montañas!”
Llegó el momento. Un invierno de copiosas nevadas. El atlas nos recibe blanco en nuestro aterrizaje sobre mar de nubes.
Mucha incertidumbre durante un mes de abril aún de nieves. Toni comparte una nevada de aúpa el día diez de abril en Marrakech. El optimismo sobre las altas temperaturas que están llegando dejan en el aire si será una ascensión invernal o no. Las previsoras echamos al petate nuestros crampones, casco y piolet. Que no falten las tres capas y el saco abrigao. Frontal, tres guantes y buffs de cuello para usar, dar y regalar. Gorro de lana y calentadores de manos, que luego se esconden en bolsillos recónditos. La única catrasca es la bota flexible y convertir nuestro crampón pro en crampón de cordón. Pero la jugada estaba estudiada y traíamos los deberes hechos.
Llegamos a la ciudad roja, roja su tierra, roja su arquitectura, rojo su pimentón, rojo el sol cuando atardece. En ese atardecer, las noticias de un ascenso invernal desde el refugio se confirman. No conocemos la ruta y no sabemos cómo es esa famosa pala, qué condiciones tiene la nieve, pero hemos aprendido a manejarnos en este escenario y la cordada de Montañas de Vida decide que la cumbre nos espera. En un momento de lucidez, recordamos que tenemos un faro en la montaña que nos conoce como la palma de su mano y ha ascendido en marzo. Ella es “nuestro comodín de la llamada”. Rocío nos saca de dudas, nos da pistas y, como tantas otras veces, nos pinta unas alas para poder volar en confianza hacia un nuevo reto
Equipo cumbre

Cinco chicas y dos chicos. Con ellos, los reyes del atlas, Hassan, Abdul y Ali.
Prácticas de cramponaje en el Riad assia. Manejo del piolet en Marrakech.
Lahcen diseñó un plan B para los 16 participantes del reto, que no harían cumbre. Un trekking de dos días a cota más baja, en lugares igualmente espectaculares con pernocta en refugio. No cabe duda de que, en cuanto a refugio, salieron ganando.
Al equipo de cumbre inicial se sumó Bea. Sus 27 años, su origen de las montañas de Transilvania y sus ganas la convirtieron en alpinista de la noche a la mañana. Exactamente fue de la noche del 1 de mayo a la mañana del 2 de mayo.
Junto a Bea, la jefa de Transilvania, Sonia, la cántabra recia, María, la puma del monte, Maite, la que suma infinitos km y Yolanda, la que pone la cabeza si fallan los demás sistemas. Ponemos todo el amor para acercar a la mujer a la montaña y reivindicar que la montaña sana.
Están los chicos, Toni, el rey de la fuerza y la calistenia y Carlos, con su primer apellido imposible y el segundo no tanto, sus gemelos de hierro y su rodilla libertina.
Hassan, Abdul y Ali, el chef de la expedición.
Hassan va a ser nuestro guía. Le conocemos en Imlil. Los montañeros más fuertes parecen ser siempre los que menos pesan. Hassan es peso pluma, pero asciende a velocidad de vértigo. Es una cuestión de segundos lo que tarda en escanear a este grupo variopinto, pero no tanto. Durante más de once años, ha ascendido no sabemos cuántas veces al techo del Atlas. Las piedras le saludan.
Abdul,la juventud que podría ir al galope, pero se contiene en el trote. Es amigo de Ishmael, hijo de Lahcen. Son el futuro de Imlil.
Y Ali, esencial para el equipo, que prepara comidas, cenas y desayunos en minutos, por partida doble y sin olvidar ni una sola vez que está la tiquismiquis del “no ajo y no cebolla”.
De Imlil al refugio Les Mouflons, sin que se acerque un mouflon.

Hay porteadores, nos dicen, o eso creo entender. Por el Atlas, las porteadoras son las mulas y para arriba sube y nos adelanta nuestra mula con los petates y toda la comida deliciosa que nos espera. Cuando te dicen “mochila de ataque” solo puedes estar agradecida a los dioses, las mulas o quien tenga a bien llevar el peso que no irá sobre tu espalda ni sobre tus caderas ni tus rodillas. Aún así, el espíritu minimalista es el espíritu mejor.
Viajamos por la mañana desde Marrakech a Imlil. Es un paisaje cambiante de tierras rojas arcillosas a unas montañas de tonos ocres y más pardos. Ascendemos de los 400 m hasta los 1700 m. Tras repartir agua y unos buenos abrazos, ponemos rumbo al comienzo de la ruta en un coche lleno de chavalería. Y ahí empieza todo.
Nosotras sabemos quién habla y quién calla en la montaña, quien hila historias y quién mete puyas. Sabemos quién es la nerviosita y quién la calma. Pero nuestros dos nuevos compañeros están aún por descubrir. Empieza Carlos con su “When Harry met Lola”, porque si estás triste, lo suyo es venir al sur.
Sigue Toni, aprendemos de sus chicos, sus rutinas semanales e incluso de gacelas heridas o no tanto. Nos reímos con las batallitas de los nuevos miembros de la cordada y elegimos lucir camisetas Montañas de Vida Equipo Norte, porque a elegantes en altitud no nos gana nadie.
Aprendemos que la mula tiene prioridad y que el montañero ha de colocarse del lado del monte en el cruce. Aprendemos que pole pole se dice shwiya shwiya, saludamos al cartel del Parque Nacional y a la policía, a la que Hassan entrega nuestros datos, escritos a mano en un cuaderno de rayas, con la caligrafía perfecta de nuestra bebé la transilvana.
El ascenso no da tregua. Tenemos 1500 m positivos por delante en unos 12 km, con un terreno de piedra suelta y tierra no compacta. Pero el agua del deshielo nos escolta desde la garganta bajo nuestros pies, casi desde el inicio de la ruta y el verde también tapiza la montaña.
Tras unas horas de ascenso, nos detenemos a comer las delicias de Ali. A la fresca, brindamos con té, comemos kefta y tortilla, ensaladas y frutas.
Cuesta la cuesta, después de comer.

Toni ya adelantaba que, en la montaña, mejor comer lo justo, porque el cuerpo tiene la manía de hacer la digestión. Pero ¿cómo no caer en la tentación? Toni también rompe el hielo en los asuntos de las digestiones y sus gases, sobre todo en altitud. No pocas expediciones han fracasado porque sus integrantes no fueron capaces de romper “la barrera del pedo” y aguantaron unos aires que se expandían hasta impedirles caminar. De ahí a la sinfonía nocturna hay un paso.
Toca levantarse y caminar después de la rica comida, sin olvidar la digestión. Va quedando menos y el ritmo del grupo es un ritmo alegre, tan alegre como el propio grupo. Llevamos horas y ya nos conocemos todos bien. Las relaciones en la montaña son de esta manera. Una hora de montaña equivale a un mes de relación a pie de calle. Si quieres conocer bien a tus amigos, llévalos al monte, que saca lo bueno, lo malo y lo peor de cada cual.
Vamos ascendiendo, sorteando mulas y a los que bajan de regreso. Miramos sus sonrisas para entender si hicieron cumbre o si tuvieron que regresar sin cumplir su sueño. Aunque hoy no lo sepan, también estarán contentos mañana de seguir vivos.

Pronto se ve el refugio. Bueno, las miopes lo ven más tarde, pero lo visualizan que es casi más importante. Aparecen los primeros neveros que atravesamos por una huella que han definido los 200 montañeros que suben cada día, los 200 montañeros que bajan ese mismo día y las aproximadamente 20 mulas que caben en el refugio Les Mouflons. Hay otros refugios más pequeños, el clásico del club Alpine français y algunos otros que rodean al gran castillo de pequeñas habitaciones y una gran zona central abierta en torno a un atrio, donde duermen o no, hasta treinta montañeros en paz y armonía, con los sonidos de la noche, los ronquidos, los “ajustes de presión de neumáticos” como los llama Toni y los ires y venires hasta el baño.
La tarde en el refugio sirvió para consolidar las prácticas “teóricas” que hizo Bea en el Riad de Marrakech. Carlos y Toni se convierten en instructores y ascienden y descienden hasta que Bea es master del pie de pato. Hay más alumnos en los numerosos grupos que han subido, incluida una señora italiana residente en Londres y el jefe de la marina de La Línea de la Concepción, Toni. La Marina en pleno ha venido en un ejercicio de “team building” y acabamos prometiendo visitarles en nuestras próximas aventuras por el Sur.

Por fin, llega nuestro turno de cena, junto a los linenses y los algecireños. Ellos son ya besties de Hassan, pero para Toni esta será la primera experiencia en invernal. Volvemos a las cenas deliciosas y generosas, cargadas de hidratos de carbono, proteína y vitaminas. Esta expedición sale a devolver.
Aquí las noches son cortas, son más bien “medias noches” porque a las 2 AM, el refugio parece un hervidero y, cuando aún no hemos hecho la digestión de la suculenta cena, llega el desayuno, con sus msemen para cubrir de rica miel, los huevos duros y el café con leche para salir del letargo y sacudirnos la falta de sueño.

La ascensión
Es una noche gélida. El frío se te cuela hacia los bronquios al respirar, el viento que no nos deja relajar la musculatura. La sensación térmica es de quince grados bajo cero. Bea tiene frío y tiene dudas. Necesita parar y el frío de la noche no nos lo permite. Hassan y Abdul parlamentan y se cambia el orden de los factores, que no altera el producto, pero sí mejora la fluidez. Con Bea siguiendo los pasos del ritmo que define nuestro guía, retomamos la ascensión con un nuevo orden y un nuevo paso. Me gusta seguir la huella de María, a Maite le gusta observar mi paso y a todas nos gusta que Sonia cierre nuestras filas. Toni y Carlos se acomodan entre esta cordada que fluye engrasada desde hace ya tres años. El día comienza a asomar, el cielo estrellado y la luna llena de mayo, luna de flor dejan paso al cielo azul y al amanecer. La ruta tiene pocas paradas. Las crisis de frío se resuelven en cuestión de segundos gracias a los calentadores de manos de Sonia, los guantes de repuesto y la destreza de Hassan en ayudarme a quitarme y ponerme prendas de abrigo cuando mi cuerpo se resistía a parar.
El día se ha hecho hueco y el reloj nos marca cuatro horas de ascenso. Asoma la Pirámide del Toubkal. Lo hemos logrado.
En nuestro ascenso nos acompañan las amigas y amigos que no hicieron cumbre, pero nos desearon la mejor de las suertes, las amigas, sobrinas y personas que subimos en el corazón. La memoria de Pepe Monge también volvía a subir veinticinco años después, en nombre de CRIS y del Reto Toubkal.
Es el primer cuatro mil de Montañas de Vida. Abrazos y emoción a raudales. Hassan nos da una pausa, pero contenida, porque hay que regresar.

¡Volvamos!
Al bajar, el sol por fin calienta un poco nuestros cuerpos. La huella de los montañeros que han bajado por delante, la temperatura y el sol transforma la nieve. Resulta más sencillo caminar fuera de la ruta establecida, porque el crampón se adhiere mejor. Cuando sigues la huella, no sabes si patinas o esquías. Vamos ligeros. Hemos sabido gestionar la “presión de los neumáticos” muy adecuadamente y el corazón ya descansa. Todo el trabajo lo hacen los cuadríceps y conocemos bien la sensación. Carlos hace pequeña croqueta y salen los bastones en caída libre, pero Hassan retrocede y se hace con ellos.
Cuando ya el cuerpo se ha relajado y la conversación fluye animada, la montaña vuelve a tener la última palabra. Una avalancha de piedras se nos acerca. Parecen proyectiles. María y yo nos miramos y en un segundo, que parece una hora, analizamos la trayectoria y buscamos el lugar seguro o menos inseguro. ¡Hacia Sonia, sin dudarlo! Una pequeña piedra se detiene a un metro de mi pierna. El sonido y el griterío cesan. El revoltijo del susto en el estómago no puede parar.
A las diez y media estamos de vuelta en el refugio, sanos y salvos.
Rearmamos mochis, nos abrazamos y nos disponemos a comer lo que Ali está ya preparando. El tajin es como un regalo, una sorpresa que aparece hirviendo ante los ojos de los comensales. Hay siempre una cierta algarabía, ohh, ah, es pollo, kefta o tortilla beréber. Es un regalo estar aquí y disfrutar juntos.

Si estáis fuertes, podéis bajar hasta Imlil del tirón, nos dijo Lahcen. Yo no estoy fuerte, pero la idea de dormir en una camita tras una ducha caliente lo puede todo y te conviertes en The Rock, Hulk o cualquier súper heroína que se nos pueda ocurrir, incluída Elastic Girl. La digestión la haremos en camino y llevaremos puesta nuestra mejor sonrisa para que los que asciendan puedan saber que conseguimos el Reto Toubkal.

Djebel Toubkal
جبل توبقال
A 4000 en invernal
Ni todos los gatos son pardos
Ni las cumbres son sencillas
A 4000 de madrugada
El aire frío quema las entrañas
El viento te azota el alma
Hassan pide a Allah su protección
lee a su grupo con paciencia y amor
Marca el ritmo y la estrategia
Nos abriga, nos da paz
Abdul cierra filas
Contiene su brío en cada paso
Echa la llave del grupo
Sus miradas se cruzan en silencio
شوي شوي
Shwayah shwayah
El mantra en el desnivel
Un objetivo elevado
Djebel Toubkal 4 1 6 7
Amanece en ruta
No sobra abrigo
danza el corazón
La madre tierra se despereza
Aparece la silueta del trig point
Nos intuimos felices
Abrazo, lágrima, sonrisa
Memoria honrada
Regresar
Nieve transformada
Piedras que buscan un nuevo lugar
La montaña es refugio y riesgo
Nos sonrió la fortuna
Se nos llenó el corazón
Aprendimos
Cumplimos un reto

Yolanda
5/5/2026
