La cuadratura del círculo y las agendas siempre llenas
Este grupo ha pasado a llamarse el de “las dragonas de Komodo”.
Sara, Marian, Sonia, María, Kica, Maite, Eva, Inma, Yolanda y “Vero”
No exagero si digo que nos tenemos que remontar al mes de octubre de 2025 para el comienzo de búsqueda de una fecha que nos cuadrara a todas. Numerosos avatares de vida se sucedían, Vero lo dio todo en el reto de Costa Rica, Sara navegaba los tratamientos con paciencia y humor negro y Patri nos dejó en el frío mes de diciembre, tras habernos emocionado con sus mensajes que estaban llenos de amor a la vida. Las encuestas se sucedían y el grupo no terminaba de encontrar fechas. Por fin se obró el milagro al estrenar año y acordamos volver a visitar estas tierras y a sus maravillosos ocupantes durante el puente de San Isidro. Sara ha sido la “super coordi” estos meses, siendo el enlace perfecto con los mejores instructores que cualquier montañera de vida pueda imaginar. Sara es la reina del sticker, la anfitriona perfecta, la que sentimos como si hubiera estado en nuestras vidas desde siempre y con la que deseamos regresar a la menor oportunidad. Sara diseñó el plan a medida, incluida la analítica de antes del fin de semana, y luego ya llegó la meteo. Traed todo lo que tengáis y lo que no tengáis, se os dará. Así hicimos y gracias a haber jugado al Tetris, todo cupo a la perfección en el “cuchicoche” de María, tras recoger a Yolanda, Kica y Maite. Y María nos llevó hasta Jaca a ritmo. Otra cosa es debatir si era un ritmo de bailar pegaos o bakalaero, ritmo en cualquier caso. Sara y Vidal nos tenían preparada cena de primero, segundo y postre. Empieza el viaje ya “a devolver”, porque en los viajes a ritmo se comen frutos secos, pecanas y bizcocho de María. Las pecanas son una receta esencial de Montañas de Vida y el bizcocho de María casi se puede beber. No hay nutricionista que valga cuando llega la hora del bizcocho de María y Kica y Sara lo saben. Sonia, la cántabra llega la primera, como siempre, que a las de Madrid se nos pegan más las sábanas y nos encanta parar a comer helado. Lo importante es llegar y lo logramos. Hemos llegado justo en el momento óptimo de las brasas que Vidal ha «trabajado» toda la tarde, para que el pollo se hiciera al punto. Cenamos y hablamos de los planes para el viernes. Todos los caminos llevan a Oroel, tanto la cara norte como las rutas de 33 curvas. En Montañas de Vida, a veces se cierran puertas, pero siempre se abren ventanas. Oroel nos espera.
33 curvas y nieve
Subida a la Peña Oroel
Desayuno con Garijo, foto de Vero, presentaciones de rigor. Abrazos a Marian. A Inma, «tu cara me suena», nos la presenta Sara. Eva, una nueva montañera de vida para el grupo. Perico, un grande de los montes. Y Cecilio, el que sabe, intuye y decide.

Da igual lo que cualquiera pueda pensar. La máxima es que si Cecilio viene, Cecilio decide. Y el viernes, entre cafés y presentaciones, Cecilio lo tiene claro. Hoy tocan las 33 curvas de Oroel. La cara norte no se va a mover. Nueve más una montañeras y nuestros guías de lujo, Vidal, Perico y Cecilio ascendemos contando curvas bajo los altos pinos espolvoreados de nieve. El frío primaveral en cotas altas se siente cuando salimos del bosque y cresteamos con un viento lateral. Los días de niebla y bruma son mágicos y nos encantan. Tanta es la magia que no vemos la cruz de la cumbre hasta estar debajo. La cencellada decora la cruz y las vistas caprichosas sobre Jaca aparecen y desaparecen.


En el camino de ascenso nos cruzamos con el corredor de las 2070 subidas a Oroel y en la bajada con el que sube por quinta vez esta mañana. En la cumbre sale de una mochila el bizcocho de María y de otra salen las pecanas, los aperitivos de rigor de Montañas de Vida. En lugar de la foto de rigor, Perico y Cecilio se encargan de elaborar un book de la actividad y de la cumbre. Sabemos que es bonito guardar en la retina pero no nos resistimos a guardar en el teléfono. En la bajada ya nos conocemos todos y aún conocemos a alguna más, como Sofía, que también es apasionada de la montaña y padeció un cáncer. Concurrencias de un viernes brumoso.


Triplete de actividades
Comida en el CAEM
Nos gusta el CAEM, el antiguo edificio aduanero en el que ahora se forman los grandes rescatadores de las montañas. De nuevo, comedor con vistas, tosta de huevos congelados, deliciosa paella, jabalí para probar y mousse de café. Dejamos los platos que casi no necesitan pasar por el lavavajillas. Por un momento, olvido que a veces se pasa un ajo por la paella y no dejo un grano de arroz, intuyendo que igual hay que tirar de almax.

Tras la comilona, café y encuentros. La estela cántabra da pistas a un estudiante de máster de medicina en lugares inhóspitos. Los cántabros se ven y se dan abrazos cántabros, redes de familia y amigos. Muy importante: HAY QUE VOTAR!!! Liamos a todos los estudiantes a seguirnos y votarnos. Montañas de Vida se extiende en mancha de aceite que nadie quiere lavar. Cuando la crisis llega, solo necesitamos tirar de recuerdos como estos para continuar.

Ya nos conocemos, somos de mecha corta. En cinco minutos de café se prepara tarde en el rocódromo y clase de movilidad. Tenemos los mejores instructores. Nada puede fallar. Cambio de atuendo, de «barbie montañera» a «barbie escaladora» y para el roco que vamos. Es el roco de Patricia, va con nosotras.

Calentamiento, boulder, de primeras en quintos y unos top rope en un par de sextos y empieza la movilidad.

La movilidad
Cecilio y las dragonas de Komodo
Mientras Vidal escalaba con desplome, atento a la clase en la distancia, Perico y Maricarmen cubrían el fotorreportaje. Nosotras nos convertimos en dragonas de Komodo.
Cecilio imparte clases todos los viernes en el roco de Jaca. Son clases de movilidad. Nos preguntamos qué es la movilidad.
La movilidad es llegar a los 67 años pudiendo caminar como un oso, un gorila o un dragón de Komodo con un estilo impecable y sin que te suenen las articulaciones. La movilidad es hacer ejercicios de estiramiento, torsión y de forma dinámica darte cuenta de que subir montañas no equivale necesariamente a ser una persona con equilibrio y coordinación. Las clases de movilidad con estas compañeras y este instructor son unas clases de endorfinas de tanta risa que te duele la mandíbula. No saldremos de ahí más ágiles, pero mucho más contentas, sin ninguna duda.

El programa de festejos continúa. Cena en La Cadiera. Perico nos explica a Kica y a mi lo que es una cadiera. Además, nos contamos nuestra vida en verso y nos da infinita pena que Perico no pueda continuar con el plan de festejos del sábado. Como a escote, nada es caro, pedimos la carta entera y un poco más. Del ajo arriero paso palabra, pero todo lo demás es delicioso, incluido los postres que recomienda Sara y que no recomienda la nutricionista. Durante la cena, aprendemos que la instrucción del GREIM con Cecilio pasa por hacer mortales sobre esquíes, aunque niegue la mayor a toro pasado. Cuando las historias te las cuenta Pedro, se masca la tensión visualizando ese cortado del «front flip» y el «garijazo» nos duele como si nos hubiéramos estrellado nosotras. Es imposible no reirse, aunque duela. Este equipo jacetano es ya familia.
Sonia nos manda a todos a dormir, que hay que madrugar para ferratear. No es del cuerpo, pero lo lleva en la sangre. Sonia es entre cántabra, teutona y moñas. Sonia es una sentimental que mueve montañas.
Patri
Apareciste en el CAEM
La reina del roco de Jaca
Nos hicieron saber
Sonrisa ancha, un placer
Te “leemos” por tus bosques
Con tus amores paseas
Pisando hojas del otoño
Sonrisa amplia, un día ñoño
Jacetana de adopción
Asturiana de corazón
Rimas en ye y cierras en u
Sonrisa grande, pa chula tú
Montañera de vida
Alma de amiga
Sigue queriendo
Sigue sonriendo
Ferrata Sorrosal
Escalar, disipar y decir adiós
Dormimos y soñamos con la Ferrata Sorrosal. La primera ferrata que hizo Sara. Nada podía salir mal. Amaneció un sábado soleado y el equipo se puso en marcha tras recoger y empaquetar. En el viaje, María nos cuenta una de sus vidas, la de motera. María tiene más vidas que un gato. Disfrutamos de sus historias, aunque las conozcamos. Esta faceta de motera yo la conocía menos, pero es la que toca en el coche con Marian.

Ya en Sorrosal, hay quien tiene de «to» o no le falta de «na». Pero si algo te falta, se te dará. Arnés, casco, frontal, disipadoras, baga de anclaje o mosquetón. Ligeras sin mochilas, que nuestros instructores son también porteadores, avanzamos al principio de la ferrata con ilusión. Algunas como Maite omiten la experiencia previa, pero vuelven a «matar la vaca» y vencen cualquier miedo. Funambulistas por un rato, «mano con guante no caza», cuevas que fueron caminos para llevar agua, cascadas que vienen cargadas del deshielo con tonos turquesas. Paisajes espectaculares mientras te subes por las paredes: la montaña, la piedra, el verde y el azul, el sol que calienta el cuerpo, la vida.

No me equivoco si digo que volveríamos hoy y que se nos hizo «cortilargo». Los días en la montaña, rodeadas de gente excepcional, son días que parecen de treinta y seis horas, pero que pasan en seis. No son lugares comunes de la vida, son momentos que ya atesoramos y que se quedan bien dentro.
