Fragmento gratis del libro 39.45 Les arrels adormides, de Ezequiel Wolf
… y así llegó noviembre mostrándome los dientes,
con las ramas desnudas me vuelvo así, otoñal.
Las líneas arrugadas pintadas en la cara
destiñen, y este tiempo nos dolerá también.
Otra vez el después. Alumbre lo que alumbre
ayer será derrumbe. Comerás las legumbres
que pida el corazón.
Ahumada la cocina la luz ya no ilumina
hoy seremos la niebla, la lente se empañó otra vez.
Otra vez los muñecos de mimbre
cayeron del aljibe negro de la memoria
de la mesa de luz.
Las estrellas fugaces, antes de evanecerse,
caminan por la calle de la disolución.
Con los vinos en la mesa alta de tu casa
las miradas diagonales
y las avenidas detrás
te reías de que escribo
en cuclillas, desnudo
y asomado al cuaderno.
Las cortinas dibujaban
sombras en tu espalda
por donde entrar.
La sal pica cuando el viento
salpica con latigazos
y yo quedo así
tumbado.
Estoy descalzo, de pie
en el baño
y juego a que te veo venir
por detrás en el espejo
con olor a café
porque acabás de moler los granos.
Me preguntás si por la alergia
no prefiero un té.
Te digo que no
y cuando giro
sobre mí mismo
para mirarte a los ojos
ya no estás ahí.
La ilusión de la estación.
Mapa mental.
La estación de las ilusiones.
Hay noches que apretás el pedal.
Hay noches que fundís el metal.
Hay noches tan sangrantes y abiertas
que te tiemblan las piernas y te echás a llorar.
Hay noches que afilás el pedal.
Hay noches que morís al final.
Hay noches que bajás escaleras,
te trepás a la luna y te metés en el mar.
Hay noches que vas a desarmar
figuras que trajiste hasta acá,
retazos de otras vidas pesadas
bocas envenenadas que volvés a besar.
Hay noches que apuntás hacia el sur.
Hay noches en que apagás la luz.
Hay noches masticadas y copas
saboreando otras bocas en la puerta del bar.
Hay noches que apretás el pedal.
Hay noches que afinás el final.
Hay noches que mirás a la cara
vidas ya disecadas como estatuas de sal.


