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Crónica de una ventana anunciada

Punto de encuentro

A quien madruga, el aparcamiento le da plazas

El día en que los cramponcillos se iban a estrenar, las montañeras de vida se levantaron a las 8 de la mañana…

Tras una semana de meteoblue juguetón, todo indicaba que la ventana estaba entreabierta el domingo de Montañas de Vida, tras la borrasca Goretti. El chat ardía con las actualizaciones de la meteo, altas y bajas, recordatorio de equipación y accesos. Todo estaba preparado y planificado. Incluso los castores verificaron el sábado, por partida doble que no era posible el acceso por carretera por la mañana para Yolanda y que luego sí lo era por la tarde para Pepe. Se propuso plan B por si acaso. Nuevo “double check” de Pepe y Emilio el domingo por la mañana, con confirmación de vía libre.

Pero como el diablo está en los detalles, no se puede escapar ninguno. Las doscientas plazas del aparcamiento de La Barranca son un pequeño gran detalle si pretendes ocupar un seis por ciento de su capacidad. Y la barrera cae tras Yolanda y Toño. No hay piedad para nuestra asociación por parte del “amo de la barrera”. No hay piedad, porque un aparcamiento de doscientos coches en una comunidad de siete millones de habitantes es catalogado como un bien escaso. Pero, al igual que Ana, el grupo se crece ante la adversidad.

A portes debidos

Emilio y Toño hacen “portes”. Yolanda y Pepe guardan sitios

Los madrugadores, como Montse, Emmanuelle, Antonio, Isabel, Pepe, Emilio, Eva y Manu e incluso Toño y Yolanda lograron acceder. Quiere eso decir que quince montañeras estaban a dos kilómetros de distancia y eran las nueve y quince.

Se hace saber que la nueva hora de encuentro de Montañas de Vida queda establecida a las nueve.

Este equipo no tira la toalla. Las decisiones arriesgadas requieren soluciones creativas. Toño y Emilio se convierten en porteadores, pero no de pesadas mochilas, sino de montañeras “del otro lado de la barrera”. Y así llegan Natalia, Laura e Isabel en el primer porte. Ingrid, Ana, Raquel (Rachel, si se pasa lista) en el segundo. María y Diego. María es ya la tercera castora que consigue que, durante la noche anterior a una cita, se reviente la camelback llena en la mochila, uniéndose al grupo de Emilio y Yolanda que ya lo lograron en anteriores ocasiones. El pico de cortisol es inevitable.

Sonia, Poveda y Begoña, tras varias vueltas a la rotonda enfilan hacia la barrera.Por último, desde Castilla La Mancha,  recordando que tenían que recoger a la cuarta pasajera en Las Rozas a la altura de Collado Villalba, llegan Kica, Yurena, María y Ana.

Primer obstáculo sorteado. Son las diez y cuarto cuando el grupo se pone en marcha.

Llega el momento de comprobar que no todo el mundo está atento al whatsapp y es primera noticia que era recomendable llevar cramponcillos. La Barranca nunca defrauda y nos regala una nieve en su punto, recién caída, fresca y sobre la que resulta fácil caminar, incluso sin cramponcillos.

La clásica renovada

Tercera barranca de montañas de vida. Primera en invernal

La pista es pura magia blanca. La senda Ortiz es el regalo de navidad en diferido.

Dice Kica que esta ruta fue como volver a las salidas invernales de su infancia con su abuelo. Comenta Ana que hay que pisar nieve, cruzar lagunas heladas y apuntarse a un bombardeo. Pregunta María que dónde está su camiseta cántabra y quizás Kica (la que se deja a la cuarta pasajera en Las Rozas) la tenga en su coche desde hace un mes. Es la segunda salida de Yure y apostamos a que no será la última.

Kica tiene ya agendadas todas las salidas de 2026, porque quiere repetir regalo navideño a la más fiel. Ha empezado por un plato de cerámica de María y su objetivo es la vajilla completa.

La senda Ortiz está en el top de nuestros entrenamientos y salidas. Es un lugar al que siempre deseamos volver. Solas o en compañía, andando o corriendo, blanco invierno o verde helecho en primavera, este camino te atrapa. No conocemos al tal Ortiz, por más que le preguntemos a Chat GPT o busquemos en Google, pero debió ser una persona afortunada si esa era su senda habitual. Ese serpenteo, hoy teñido de blanco, nos sube otros cien metros hasta Walpurgis. Dice Poveda que la animada charla con Enmanuelle ha hecho que el tiempo volara y el desnivel se redujera. Hoy viene por primera vez, en buena compañía. Las tres hermanas Poveda, Sonia y Begoña, dispuestísimas a subir cien, cuatrocientos y hasta mil si fuera necesario.

Hay más hermanas repetidoras, Isabel y Laura, que adoptan a Natalia cual hermana de la montaña.

La senda se estrecha y se alarga el grupo cual culebrilla, pero enseguida se reagrupan estos grupos espontáneos de conversación fluida. Pareciera que todas nos conociéramos de siempre.

Walpurgis y Machado

Un sedentario excursionista,
Un sanatorio para tuberculosos,
Una película de miedo.

¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,
la Sierra gris y blanca,
la sierra de mis tardes madrileñas
que yo veía en el azul pintada?

Por tus barrancos hondos
y por tus cumbres agrias,
mil Guadarramas y mil soles vienen,
cabalgando conmigo, a tus entrañas

Caminos, Antonio Machado (1911)

Fue más blanca que gris el domingo, pero los mil soles nos acompañaron.

En Walpurgis, breve descanso que queda el último repecho.

Mirador de las Canchas

Las nubes juguetonas y las vistas de la maliciosa y bola del mundo son la recompensa a una ruta muy trabajada

Caldos, tés, dátiles, nueces del nogal de Antonio, con vistas

No hay que fustigarse, pero casi, por perderse esta salida

Si el chat de Montañas de Vida echaba fuego, no os quiero contar cómo andaba el del equipo de castores. Partes de meteo, debate interno, pero la ventana iba tomando forma. Contrato indefinido tenemos para reservar condiciones para la salida.

Esta vez reservamos sol, nieve polvo fresca, nada de viento y buena compañía.

Y ya emprendimos el camino de regreso en el que aprendí todos los secretos para ser “cordi” de viajes de la mano de Eva. Viajera infatigable, master en psicología de viajeros variopintos, planes A, B y C si es menester. Va siendo el momento de organizar un viaje a montañas lejanas, con Eva a los mandos y Manu de copiloto. Ahí lo dejo.

El grupo bajaba casi levitando después de este baño de bosque invernal.

Los chicos de cierre, Pepe y Emilio, con sus gore de colores y su cualidad de seres isotermos cerraban la ruta junto a Toño y Diego.

Ya solo quedaba parada en la propiedad de María en el metaverso, para foto. No todo el mundo puede decir que su regalo de cumpleaños sea un trocito del embalse de La Barranca. Ella sí que puede.

Fotos y más fotos de la estampa blanca.

Llegamos, sin prisa, al final de una nueva ruta de Montañas de Vida. Un chute de endorfinas y mucha serotonina.

Intentarlo todo

Intentarlo todo, intentarlo siempre

Cuando la vida se pone difícil, cuesta pensar si volveremos a ser capaces. Pero después del cáncer, a mí me dio por querer probarlo todo.

Somos frágiles, pequeñas, pero, a la vez, somos poderosas. En este grupo superamos retos juntas y el corazón late más deprisa, pero la sonrisa y la resaca emocional se quedan.

Tras la vuelta a casa del domingo, aún en extásis, se produjo el accidente de trenes en Córdoba, que seguro que nos removió a todas. La vida es efímera.

Necesitamos vivir cada día con intensidad.

Por muchas más salidas juntas.

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Sobre el autor

Arquitecta madrileña de 55 años, apasionada de la montaña, de los viajes, de la escritura y de la vida. Superviviente de cáncer de mama y fundadora de Montañas de Vida junto a Sonia, María, Maite y Kica.
Durante el cáncer, el deporte en la montaña me hacía sentir viva. En mi recuperación, esas salidas a la montaña con amigas eran terapéuticas. Montañas de Vida comienza para poder compartir la terapia sanadora con otras mujeres que estén atravesando en este momento un camino paralelo al nuestro.

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