El día que te quiera

Escultura de una cabeza humanoide con una textura de barro, mostrando grietas y un acabado mate, con detalles en gris y negro, evocando una sensación de fragilidad y profundidad emocional.

Préstame un poco de barro tuyo

a ver si puedo hacerme un corazón que lata.

El otro, el viejo,

de tanto sol, tanta intemperie,

se deshizo.

Polvo de aquel traigo en las manos que me pides.

Solo voy a ensuciarte de tristezas.

No me quieras tener mientras me escapo de mí mismo.

No me quiero dar a medias.

El día que te quiera no será porque pongas

tu beso en mis heridas.

Será para poner en tus labios un beso

que nadie reconozca.

Un beso nuevo, tuyo y mío,

distinto a aquellos colgados del vacío.

El día que te quiera no seré parecido

a lo que amas de mí mientras olvido.

No cerraré los ojos para esconder nostalgias.

Los abriré como nunca para verte desnuda y desarmada

si me llego a rendir entre tus piernas.

Mientras tanto

No me pidas nada.

No fabrico historias de finales felices.

No soy de los que fingen, calculan, planifican.

No comercio el gemido de mi orgasmo.

No me vendo ni me presto ni me alquilo

por un poco de paz.

Soy de los que mueren en primera línea de combate.

Y resucitan.

Tampoco pido que me esperes.

No sé qué vida reste a este dolor de hielo.

Es como un hijo enfermo al que acuno en los brazos.

Me soy fiel a mí mismo y este dolor es mío.

No lo quieras matar a contratiempo.

Déjalo ser para que con él se mueran mis abismos;

mi torpe, irreverente, obstinada inocencia.

Déjame crecer en él para arrasar con todo

lo inútil, lo inservible, lo sucio, lo vivido.

Y si cuando vuelva del viaje del olvido

aún estás tú rondando…

es posible, es probable, que me escape contigo

el día que te quiera.

Déjalo ser para que con él se mueran mis abismos;

mi torpe, irreverente, obstinada inocencia.

Déjame crecer en él para arrasar con todo

lo inútil, lo inservible, lo sucio, lo vivido.

Y si cuando vuelva del viaje del olvido

aún estás tú rondando…

es posible, es probable, que me escape contigo

el día que te quiera.

Alma indocumentada
Ana María Ramos es un poeta humano, auténtico, con voz que se distingue del barullo, del tumulto apresurado, de los miedos. Y no, no es un error tipográfico. Es una identidad inapelable asumida desde un hermoso rostro de mujer; desde una lengua sin mordaza; desde unos ojos capaces de desnudar amores; de exponer la rutinaria …

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Sobre el autor

Ana María Ramos (La Habana, 1963). Graduado de Licenciatura en Arte y Dirección de medios audiovisuales en el Instituto Superior de Arte de La Habana, Cuba. Director de radio y televisión, editor, diseñador, publicista. Conductor programas de radio, incluyendo el exitoso Casa de Cristal. Ganador de varios premios Caracol de la UNEAC y el premio Imagen de Cristal de la televisión cubana.

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