Juan Schulz presenta papá paki, de Gerardo Montoya
A la diáspora taquera
Como Cerbero, el perro guardián del inframundo, papá paki tiene tres lenguas.
La porteña –lunfardo incluido–, la mexa y la gabacha.
La porteña, la lengua canchera que presenta el ambiente, la prótesis que el migrante estira y afloja para sacarla de su ombliguismo y llevarla a donde mejor lame, que es en el encuentro con otras lenguas.
La mexa es el chiflón; lengua que juega a ser jugada y en sus jugos se cuece lo que nos cruje. O para decirlo de forma menos campechana: es la esporádica lengua en donde el poema encuentra su resistencia, o sea donde toca tierra y dice: acá hay frescura.
La gringa es el uppercut que la modernidad le da a la realidad. Es el branding norteño a una poética donde la lengua es un instrumento contaminado por un flow que encuentra el timing para surfear la época.
¿Pero qué hace con las tres lenguas este libro? ¿Lamer por triplicado las heridas? ¿Revolverlas para que en río revuelto surja una nueva lengua?
Si le pedimos un taco a este libro, nos sirven sobre la doble tortilla, la lengua de un regio aporteñado que como buen norteño, le pone la salsa de los anglicismos a su taco.
Un universo en el que entra el sambayón, el jaguareté, la mona Rodrígues, la concha de la lora, el boliche de Roberto, la maracahimba, la kittychela, Tepito o una cachapa de tripa fresca.
Pero vayamos al grano:
Papá paki es la crónica de algo que se desprende,
y que en vez de desplomarse e irse al abismo se logra columpiar
y en ese impulso que agarra no solo se salva
Se salva bailando conjuros que le permiten arrimarse a esos futuros que solo se le permiten a los resucitados, o digámoslo sin exagerar: a los curados de mal de amores.
Lo digo de otra manera por si no se entiende.
Papá paki es una novela narrada con poemas
En cámara lenta: vamos viendo una dolorosa separación.
Pero sobre todo vemos cómo papá paki alza la capa
y cubre lo que importa
eso que se revela cuando versa:
“Hoy la angustia de cuidar me guía, soy papá paki”.
Repito por si alguien se distrajo:
“Hoy la angustia de cuidar me guía, soy papá paki”
Pero no nos confundamos,
cuidar no es pavonear una paternidad para quedar bien con lo más obvio
cuidar también significa derecho a la fantasía
Un libro contemporáneo no tiene que ser la otra cara de los Pedros Páramos y sus abandonos
Gracias a Dios aparece
el mar compuesto de fantasmas y piratas con cotorros
un elefante de la posguerra
Gracias a Dios aparece
la cotidianidad mordida por el desvarío
la voz que arde y el bosque arde
porque en el mundo que Gerardo abre
los regios no se casan con sus primas
y las pastillas de Viagra son sagradas
Y sí, los juzgados y los abogados asoman sus narices en este libro
Porque la realidad quiere encerrar al poema en un duelo
en el que se disputa cuánto queda de ella en un poema
Un duelo para ver qué boludo se queda sin ese viaje a lo desconocido que es la búsqueda de una lengua.
Si mucha de la poesía contemporánea nada alrededor de la selfie,
a decir de Susana Villalba, donde el centro de gravedad es un SHO que nos cacarea todo en función de sí mismo y luego otra vez en sí mismo, en una realidad que se parece tanto a los dos metros alrededor de ese SHO.
Acá no es así.
En su poema Plaza Castelli
Dos versos le dura la primera persona
y al tercero el poema ya es un nosotros.
En el poema Tu risa es la explosión de un banco
Gerardo arroja la atención a una segunda persona
y así podría seguir dando ejemplos
de cómo para farmear aura se necesita de otro
de cómo las estrategias del poema —costuras si se quiere—
son las de un sujeto en situación de otredad
Volvamos al pinche grano:
El glitch de la paternidad con glitter
El amor como una propulsión a chorro
La experiencia migrante en la ciudad de la histeria.
El internet como laboratorio lúdico
¿Cuál habíamos dicho que era el grano?
No importa, cada quien encontrá el suyo
Lo importante hoy es celebrar la poesía de nuestro compatriota
que ha ido hasta el culo del mundo para construir un portal
donde los países estén más cerca. No lo digo por cursilería
Lo digo porque tengo que cerrar y no sé cómo.
Tal vez convenga traer las palabras de un poeta del sur que ahora habita nuestra tierra:
He visto poemas salvar vidas
sin que lo supieran
ni los poemas
ni las vidas.
No digo prolongar vidas:
salvarlas,
sacarlas de allí de la tiniebla inminente.
Los he visto hacer lo que no sabían que sabían
o al menos eso creo: que no sabían que sabían
salvar vidas.
Y vi esas vidas sin saber que se salvaban.
Y las he visto sin que me vieran.
Si quieres leer un fragmento gratis de papá paki, entra aquí: https://editorialaquitania.com/libro/papa-paki/

