Ahora sabes que tenías que habértelo comido cuando aún estabas a tiempo. No hiciste caso de los consejos que te daban, de que lo mejor era esperar a tener una situación más favorable, antes de lanzarte a tomar este nuevo camino. La capacidad de hacer mil cosas, que te da tu hiperactividad, te hizo presuntuosa, e hizo que no pensaras ni maduraras con claridad esa decisión antes de lanzarte al vacío. No viste que ya tenías suficientes frentes abiertos en tu vida como para iniciar una nueva aventura. Precisamente este tipo de aventuras que son de las que se sabe cómo empiezan, pero no como acaban, y aun así te tiraste de cabeza. Tu vanidad no te dejó pensar que la cosa podría salirte mal, subestimaste tu suerte. No tuviste en cuenta que la genética siempre está allí, escondida, al acecho, preparada para salir en cualquier momento. No sé si tu ingenuidad o tu arrogancia te hicieron pensar que a ti no te pasaría. Fuiste descuidada al no pensar que la bestia que está dentro de ti no se replicaría algún día. Al contrario de la tuya, que pudiste tener siempre bajo control, esta se manifiesta de manera incontrolable.
Es ahora cuando te lamentas, no sabes hacía donde ir, qué hacer para soportar a este monstruo, que está a punto de pasarte por encima y acabar con toda tu vida. Tu obsesión por la perfección hace que no puedas dejar de pensar en que te equivocaste, ya que como buena perfeccionista seguiste el manual y los consejos de los más sabios en la materia. Pero como te he dicho, no le des más vueltas a la cosa, que todo es culpa de la jodida genética que siempre está allí, para hacer mutar al monstruo a su voluntad.
Tu poder y capacidad de controlar la mayoría de las situaciones de tu vida no te está funcionando ante esta Hidra de mil cabezas. Levantarte y afrontar un nuevo día, sin saber qué forma va a adoptar la bestia, cuán duro será luchar contra ella, hace que tus fuerzas vayan menguando a marchas forzadas.
Te estás dando cuenta de que cada día que pasas intentando dominar al monstruo estás más sola. La persona que habías elegido cómo compañero de vida y fiel aliado en esta andanza se está perdiendo, como tú, por no saber tampoco cómo luchar ante tal adversidad. El sentimiento de culpa te corroe. Él no estaba preparado, a causa de su enfermedad, para luchar en esta contienda. Sabes que lo forzaste para iniciar esta aventura de la que ya no hay marcha atrás. Sientes que no solo estás perdiendo la guerra frente a la bestia, sino que lo estás perdiendo a él. El poder de la Hidra no solo está acabando contigo, sino que arrasa con todo lo que te rodea. Siento decirte que, a estas alturas del combate, de nada sirve lamentarte por lo que hiciste o no hiciste, ahora solo te queda librar la batalla lo mejor que puedas para salir de ella con las mínimas heridas posibles.
Cada noche te acuestas pensando cuál será la mejor estrategia para librar esta pugna. Sabes que no puedes bajar la guardia, que al monstruo se le tiene que controlar y atar en corto. Aunque recuerda que en determinadas situaciones le tendrás que dejar un poco de cuerda para evitar que no la rompa totalmente en una de sus embestidas más feroces. A veces piensas que la solución es no darle ningún privilegio. Debe saber que si no obedece, no va a tener ninguna recompensa. Te funciona por un breve espacio de tiempo, pero como dicen, la cabra siempre tira al monte y vuelve a su estado más salvaje. Te preguntas si otra solución podría ser empatizar con la Hidra. Adelantarte en descubrir con qué cara te va a afrontar para darle lo que más le gusta en ese momento y tenerla controlada. Es entonces cuando debes acordarte de que la capacidad de metamorfosis de la bestia, junto con su talento para cambiar de estado anímico, es uno de sus mayores poderes. Todo esto se te hace tan difícil y agotador, que te obliga a estar en guardia permanente, convirtiendo tu día a día en una misión imposible. Sabes que debes hacer todo lo posible para llevar al monstruo hacia tu terreno evitando sucumbir a sus deseos. Para este tipo de afrenta debes hacerle creer que es él quien está llevando el peso de la situación, engañándolo para que piense que está ganando la partida, y así dominar sus instintos destructivos hacia ti. Pero la bestia es insaciable y muy persistente. Enseguida sabe reconocer cómo vas a actuar, por lo que tener a un buen aliado es fundamental. Debes asegurarte de que los dos vais a seguir la misma estrategia. Si en algo es buena la Hidra es en confrontar a los aliados de un mismo bando.
Te recuerdo que la lucha será larga, será una guerra con muchas batallas antes de poder declarar a un firme vencedor. El desgate por la confrontación constante, si no tienes una estrategia bien definida y planificada, te puede hacer perder muchas cosas por el camino. El alien puede arrasar con amigos, familia, e incluso, arruinar la relación con tu único aliado, que a fin de cuentas es con el que también la Hidra comparte ADN.
Tú sabes que si logras dominar a la bestia llega un día en que esta pierde las mil cabezas y acaba por tener solo una. Te darás cuenta de que el monstruo no solo ha luchado contra ti y todo lo que le rodea, sino también contra sí mismo. Si consigues salir con éxito de la aventura, verás cómo ese ser, que de pequeño parecía que siempre iba a necesitarte, ahora te hace creer que no le haces falta para nada y que se parece más a ti de lo que imaginabas, un día podría ser un aliado más en tu camino.
Lamento decirte que el tiempo de nuestra primera visita ha concluido. Si decides seguir la terapia de “Cómo dominar a mi adolescente y no morir en el intento”, podrías venir una vez por semana. Si quieres te busco un día y una hora para la semana que viene…

