Fragmento de Memoria y olvido: L. Díaz de la Nuez, de Miriam Rodríguez Betancourt
La extraordinaria pujanza de la radiodifusión en Cuba en los años cuarenta se explica en los antecedentes que la hicieron posible y que, además, también propiciaron que la pequeña isla se convirtiera en uno de los primeros países del continente americano en tener una emisora.
Fue el teniente del Ejército Libertador, músico y compositor, Luis Casas Romero, el pionero, al operar una planta de radio cuya emisión inaugural desde la calle Ánimas No. 99 (hoy No. 457) se registra el 22 de agosto de 1922. La planta, que solo disponía de diez watts de potencia, trasmitió bajo la denominación 2LC[1] hasta su desaparición en 1928. Comenzaba sus transmisiones a las 9:00 de la noche con programación musical y el parte del tiempo; al paso de los años su horario y programación alcanzó seis horas al aire. Zoila Casas Rodríguez, hija y hermana respectivamente de los propietarios, identificaba la emisora cada vez que salía al aire, para convertirse en la primera locutora de Latinoamérica.
Un siglo después, la visión comunicativa de esas trasmisiones aún nos sorprende. Así las evocaba el profesor Mauro Rodríguez Díaz:
La pequeña emisora salía al aire poco antes de las nueve de la noche. El propio Casas Romero tocaba en una corneta una llamada de atención y después producía golpes rítmicos con una varilla de metal sobre el instrumento, imitando el ruido característico de un reloj. Captaba luego con un micrófono el tradicional cañonazo, lanzaba otro acorde y anunciaba solemnemente: Son las nueve en punto. A continuación, leía un boletín sobre el estado del tiempo, y su hija Zoila presentaba números musicales obtenidos en un viejo fonógrafo. Como vemos, la 2LC es también precursora de los noticieros y, en cierta forma, de Radio Reloj.[2]
Pocos meses después, precisamente el 10 de octubre de 1922, se inauguró oficialmente la PWX en La Habana, auspiciada por la Cuban Telephone Company. Esta emisora, desde la que se dirigió al país el entonces presidente Alfredo Zayas, se identificaba en inglés, revelando su filiación ideológica y económica.
En su imprescindible La radio en Cuba, Oscar Luis López apunta algunos hechos previos que fueron jaloneando el imparable desarrollo de este medio; por ejemplo: la instalación por la Cuban Telephone Company de la primera emisora de radio, el inicio de las trasmisiones radiales (1922), justamente “en la época en que se producía la expansión industrial financiera de los consorcios eléctricos de Estados Unidos” y la creciente apropiación de las tierras criollas por inversionistas norteamericanos, unido a factores que pudiéramos llamar endógenos y muy importantes, como la diversidad y riqueza de los espectáculos artísticos que animaban la vida habanera de entonces, entre los cuales, por cierto, López menciona el cinematógrafo.
Para 1937 ya funcionaban en La Habana más de treinta emisoras, entre ellas la CMQ que devendría poderosa empresa. Dos años más tarde esa cifra se duplicaba, en tanto la programación radiofónica era reconocida como “la más animada, comercialmente agresiva y de más larga duración de todos los países de habla española”, según se afirma en el libro Historia de la radiodifusión española.
En efecto, la programación cubana se mantenía en esos momentos casi todo el día; incluía espacios muy diversos como radio-teatros, noticieros, secciones musicales; contaba con locutores profesionales, anuncios comerciales, entre otros. No puede obviarse en el recuento programas como La Corte Suprema del Arte, un espectáculo competitivo del cual emergieron figuras de primer nivel en la música cubana.
La trascendencia de los años cuarenta para la radiodifusión en Cuba ha sido resaltada por el destacado realizador audiovisual José Rodríguez Méndez, quien consideraba imprescindible partir de esa década a la hora de analizar la acelerada evolución de la radio en el país.
Según el también profesor, es en ese período cuando la radio nacional “adquiere un desarrollo ponderable desde el punto de vista técnico; por otra parte, se erige realmente como factor influyente en la sociedad. Es entonces cuando se inician las llamadas cadenas `nacionales`”.
En los años cuarenta, exactamente en abril de 1948, se trasmite El derecho de nacer, la emblemática novela de Félix B. Caignet, que desató el delirio en la radio audiencia nacional y años después conquistó total popularidad en América Latina; también hay que mencionar las aventuras del detective chino Chan Li Po, del mismo autor, merecedora de gran éxito. Baste decir que esos programas paralizaban las funciones de cines y teatros donde se encendía la radio para que la gente los escuchara, según recordaba la popular actriz Xiomara Fernández.
Programas de diferente corte se trasmitían también con alta radio audiencia; por ejemplo, De fiesta con Bacardí, una atractiva revista musical en la que participaron estrellas nacionales y extranjeras como los mexicanos Jorge Negrete y Pedro Infante, entre otros muchos.
Es común la opinión de que la radio cubana logró en esa época un alto nivel tanto en la producción de programas como en la actuación, la locución y otros aspectos del trabajo. Las grandes cadenas, que acaparaban los mayores anunciantes, invitaban con frecuencia a los más destacados artistas y músicos del continente; por las ondas radiales fue posible escuchar a Agustín Lara y Libertad Lamarque en los momentos de sus más notorios éxitos.
La feroz competencia entre las poderosas emisoras CMQ Y RHC Cadena Azul por elevar sus índices de audiencia se manifestó en la puja por contratar a los mejores artistas, a quienes pagaban sueldos muy elevados. Esto también favoreció el desarrollo de la publicidad comercial en el medio radiofónico.
Afirma el profesor Raúl Garcés que: “Cuba llega a la década del cuarenta con un sistema radial que había importado prácticamente desde sus inicios (…) los estilos prevalecientes en las más importantes emisoras norteamericanas”.
De esa década, Garcés escoge el año 48 como objeto de estudio de su libro Los dueños del aire, al inscribirse en tal período varios sucesos significativos de la historia radial cubana y de la propia historia nacional, como son: la inauguración de Radiocentro, el mega edificio que albergaría los estudios de la CMQ; la trasmisión de El Derecho de nacer, y la clausura de la emisora Mil Diez, del Partido Socialista Popular,[3] golpe brutal contra un auténtico vehículo de expresión y defensa de los derechos ciudadanos.
[1] Debe su nombre a las iniciales de sus promotores: Luis Casas Romero y su hijo Luis Casas Rodríguez.
[2] Emisora nacional cubana fundada en julio de 1947, que se mantiene hasta hoy y se caracteriza por dar la hora minuto a minuto en una programación informativa de 24 horas. Fue una de las primeras emisoras de transmisión continua en América Latina.
[3] El PSP fue fundado el 16 de agosto de 1925, como el Partido Comunista Cubano, por Carlos Baliño, José Miguel Pérez, Alfonso Bernal del Riesgo y Julio Antonio Mella.

