Por Dra. Mayra González Hurtado
¿Cómo empezó todo? Comenzó con una pregunta fundamental: ¿por qué seguimos dependiendo de fertilizantes sintéticos que, aunque eficaces, alteran el equilibrio de nuestros suelos y aguas? Como química, siempre me han fascinado los procesos naturales. Fue durante una caminata por la costa donde observé a pescadores retirando grandes masas de algas conocidas como sargazo. Lo que para muchos era un estorbo, para mí fue una oportunidad científica. Así nació el proyecto de transformar macro y microalgas en biofertilizantes de liberación lenta: materiales diseñados para entregar nutrientes esenciales de forma gradual, minimizando el desperdicio y el impacto ambiental.
El proceso de alga a fertilizante es como una danza molecular Las algas son auténticas factorías bioquímicas. Tanto las macroalgas como las microalgas acumulan nitrógeno, fósforo y potasio, además de micronutrientes vitales (hierro, zinc, manganeso) y compuestos bioactivos que estimulan el desarrollo radicular. Nuestro trabajo consistió en diseñar un proceso químico para extraer este potencial y encapsularlo en una matriz inteligente (Figura 1):
- Lavados de las algas: Con lavados suaves con agua, separamos los componentes que suelen adherirse a la biomasa sin dañar su forma ni su estructura natural, de modo que esta quede tal como se recolecta del mar o de la arena.
- Encapsulación de con bajo costo: Los nutrientes de la biomasa se envuelven en una matriz polimérica de urea-formaldehído. Esta estructura los «atrapa» la cual se descompone lentamente por acción del agua en el suelo, liberándolos según la demanda del cultivo.
- Caracterización y Validación: Evaluamos la velocidad de liberación de los nutrientes mediante análisis químicos y pruebas de campo, ajustando la formulación para que sea óptima.

Figura 1. Pasos del proceso de fabricación de fertilizantes de liberación lenta a partir de algas.
Tras meses de ensayos en invernaderos y parcelas piloto, los datos son contundentes:
- Eficiencia prolongada: La entrega de nutrientes se extiende hasta por 3 meses, reduciendo drásticamente el número de aplicaciones.
- Suelos vivos: Observamos una mayor actividad microbiana y una mejor estructura del suelo, lo que optimiza la retención de agua.
- Calidad y Rendimiento: Cultivos de tomate y pimientos alcanzaron rendimientos superiores a los tradicionales, con la ventaja añadida de una menor salinización del terreno.
Vamos hacia una agricultura más verde. Nuestra meta es escalar este proceso para que sea accesible tanto a pequeños agricultores como a sectores especializados. Es aplicable a otras áreas, además de cultivos. Por ejemplo, en la jardinería y el césped de los campos de golf. Lo que más nos entusiasma es cerrar el ciclo de la economía circular, transformando un residuo marino problemático en motor de vida para la tierra. La química no siempre debe ligarse a lo sintético y complejo, a veces las soluciones más innovadoras están flotando en nuestras aguas, esperando a ser descubiertas por una mirada curiosa.
