Escribir no es solo juntar palabras con coherencia, sino un ejercicio de descubrimiento, riesgo y transformación. La literatura, más que una habilidad, es una forma de estar en el mundo, de enfrentarlo y, en ocasiones, de explicarlo. Gabriela Guerra Rey, escritora y periodista, ha plasmado en su Decálogo para escritores una serie de principios que van más allá de la técnica: consejos que abordan la pasión, la autoexigencia y la conexión con los lectores.
En estos diez puntos, Guerra Rey reflexiona sobre la importancia de aprender el oficio, la intuición como herramienta creativa, el poder de la reescritura y la necesidad de salir de la zona de confort. Porque escribir es mucho más que un talento innato: es una disciplina, un llamado y, para muchos, una necesidad vital.
Si alguna vez te has preguntado qué significa realmente ser escritor, este decálogo te ayudará a encontrar algunas respuestas y, quizás, a enfrentarte con nuevas preguntas. Aquí te lo comparto:
1. Para escribir una buena historia tienes que aprender cómo hacerlo. No te puedes sentar a escribir una sinfonía sin tener conocimientos de música. Tampoco, sentarte a escribir literatura, por más que sepas agrupar las palabras, sin aprender a usarlas con este fin. Aprende gramática, redacción, sintaxis, recursos expresivos, todo lo que necesites.
2. Cuando estés por comenzar algo y te bloquee la incertidumbre o el susto, no te detengas a pensar en lo que aún no tienes de la historia, sino en lo que sí sabes que tienes: un mundo maravilloso de posibilidades. Eres rico y nada te determina u obliga aún.
3. Lee todo lo que puedas. Conoce tu herencia literaria y cultural. Cultivarte como lector es imprescindible. El que se cuestiona si es necesario leer para escribir no pertenece al mundo de la literatura; es un impostor.
4. El verdadero escritor escribe por necesidad, como algo vital, escribe como respira, como piensa, no tiene vuelta atrás. Escribir es una forma ética y estética de pararse frente al mundo, intentar comprenderlo y, si fuera posible, traducirlo para otros.
5. Escribe para salvarte de algo o para salvar a alguien. Escribe desde el dolor y desde la alegría. Escribe porque el miedo, porque el fuego, porque la muerte y porque la vida… Escribe para expresarte y liberarte. Después, revisa todo como si te fuera la vida en ello. Escribir es una especie de autoanálisis existencial. Revisar es una forma de rectificación espiritual.
6. Confía en tu intuición. El inconsciente tiene razones que la consciencia desconoce. Pero no olvides que en literatura todo tiene una intención, y sobre todo, ponte en riesgo. No hay creación sin el peligro que acecha.
7. No pienses que lo que tienes que contar es especial para los otros porque lo sea para ti. No creas que tu historia es más interesante que todo lo que ha sido contado ya. Lo que la puede hacer única es tu capacidad de tocar al lector con ella y de hacerlo vivir sus propias emociones a través de las tuyas. La historia tiene que ser genial; el lenguaje, impecable; su trasfondo emocional, intachable.
8. ¿Cuál es el fin supremo de un escritor? Que te lean. No lo pierdas de vista, incluso si sientes que escribes solo para ti. Escribimos para perpetuar algo, para trascender, para dejar una huella o una memoria. No te olvides de los lectores, puede que ellos decidan hacer lo mismo contigo.
9. Sé fiel a ti mismo. Desafíate todo el tiempo, pero no trates de escribir el Ulises si no eres Joyce. Fracasarás seguro y pensarás que no sirves para la literatura. No toda la literatura tiene la envergadura de una obra mayor.
10. ¿Cómo te darás cuenta de si has llegado o no a ser un escritor? Cuando hayas aprendido a trabajar una escritura literaria y sepas que si no escribes, la vida pierde sentido. Entonces estarás en el que llamo el punto de no retorno, el lugar donde nace el verdadero escritor. Y cuando hayas llegado, sale de la zona de confort lo antes posible. No hay peor mal para un escritor que repetirse a sí mismo para siempre. La literatura contemporánea está llena de esto, ¿y de qué nos sirve?
