En estos tiempos los amantes ya no se preguntan por los sueños ni las ocupaciones o preocupaciones. Dejaron de celarse, de extrañarse; y de regalo: pastillas para el insomnio. En estos tiempos ya no hay flores ni paseos por el parque ni visitas al mar. Los besos son producto del alcohol, y los encuentros fortuitos, de los mails . Olvidamos las taquicardias, las punzadas en el estómago, las sudoraciones molestas en las manos y el erizamiento del último bello del cuerpo. Vamos a lo que vamos… ¿Cómo es que llegamos a enamorarnos sin el sobresalto previo de las pasiones ni la voracidad física ni la catástrofe de las despedidas? ¿Acaso es un ciclo y en venideras fechas volveremos a dejar flores y tarjetas en el pupitre o el balcón de ella, o mensajitos mediante amigas en el bolsillo de él? No sé. Hoy me encuentro pesimista. De loca se me ocurre escribir estas líneas.

