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Él, un huraño curador de arte, no estaba acostumbrado a las personas. Pero la vio cantar ese día con la misma mirada que, seguramente, Monet debió arrojar sobre los nenúfares del estanque.

Él, que prefería la cuadrada soledad de las galerías cerradas, soportó los aplausos que ahogaban aquel vibrato cuando más quería saborear sus colores.

Hasta que logró abstraerse lo suficiente como para no escuchar los murmullos distraídos que cometían el sacrilegio de no prestarle total atención a aquel prodigio.

La vio como se imaginó tantas veces a Van Gogh mirando las noches estrelladas. Y el primer beso se lo dio a la distancia, desde la incómoda butaca, sin que ella todavía lo viera con aquellos ojos negros de pupilas temblorosas que también parecían cantar…

Él, un callado curador de arte, acusado con frecuencia de poca imaginación, pensó que la voz de ella comenzaba en la sima de sus pies de luna, para ascender luego por cada uno de sus 146 centímetros de estatura hasta salir por esa boca pequeña que de vez en cuando se curvaba sobre sí misma como una cereza.

Él, un tipo ajeno a los arrebatos, que se pasaba las tardes entre inmóviles lienzos, se levantó de su butaca cuando ella terminó su aria. Con su mano derecha buscó su mano izquierda. En una reverencia la tomó para felicitarla y descubrió en su brazo siete pequeños lunares que formaban la constelación de Orión. Apartó su vista de ellos como seguramente Monet la apartaría de los nenúfares y Van Gogh de las noches estrelladas para retirarse a pintar.

El segundo beso se lo dio ahí, con esa segunda mirada que esta vez sí se vio correspondida por los ojos negros de pupilas temblorosas que ahora parecían cantarle…

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Sobre el autor

Periodista, escritor y docente. Bachiller en Periodismo. Licenciado en Comunicación de Masas por la Universidad Federada San Judas Tadeo. Especialista en la escritura e impartición de la crónica. Autor de Todavía el olvido (Cuentos-EUNED, 2014) y uno de los autores de Aún somos cabécares y Don Pepe: Crónicas al pie del hombre (Fundación Educativa San Judas Tadeo) y Ngäbe quiere decir persona (Universidades San Judas Tadeo y Autónoma de Chiriquí, Costa Rica – Panamá).

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