Utopías… El tren sale a las seis.
Mañana a esta misma hora estaremos camino a algún lugar. Todo habrá acabado. Dejaré atrás el pasado triste. Dejaré en las aceras de estas calles mi dolor, mis penas, los estragos de todo aquello que tanto laceraba, y volveré a sonreír. Diré adiós a los cafés de lágrimas, a las alamedas desiertas, a los rincones huecos de una vieja casa que nunca fue mi hogar.
Tú despedirás a tu gente, tu familia, tus buenos y malos amigos, las frustraciones de no haber vivido una experiencia intensa. Y me abrazarás en el camino para darme certezas, certezas de que todo estará bien. Besarás mi oreja y diremos adiós a cuanto nos impidió ser felices.
Seremos libres. Pintarás y cantarás a tu antojo, y te veré sonreír como si fuera la primera vez. Tendremos una niña de ojos intensos, quizás, o un par, o tres, e iremos al mar en el verano a hacer los castillos de arena con los que tanto hemos soñado. Te traeré café en las mañanas, y escribiré mil páginas de mis novelas inconclusas, imaginadas, frente a una ventana con vista al océano.
Mañana a esta misma hora dejaré ir los globos de helio de mi vida anterior; volarán y será definitivo. Tú me ayudarás, porque en ellos van también tus angustias, la soledad, los pasados violentos, irónicos, en que creíste perder lo que nunca tuviste en realidad. Flotaremos manos al viento para que sigan su curso natural, hasta perderse en el ocaso, y nos besaremos por vez inaugural.
Mañana a esta misma hora te espero en el andén. El tren sale a las seis. Ven, por favor, aunque no tengas pensado partir. Ven, aunque sea para obligarme a no subir las escaleras y quedarnos en esta ciudad muerta, vacía. Ven, porque sería más terrible no verte llegar, que abordar mi destino sin ti. Ven, aunque luego te vayas con los globos y la brisa a otro futuro que no sea yo.
/im

