
Mañanas para nadie
Sobrevivir es más que fe: es ejercicio físico’. Versos que brotan del dolor compartido entre madre e hijo. Ojos que contienen la noche y cuerpos que colapsan. La voz poética dice: ‘Te comprendo, madre, pero no me digas que lo único que quieres es morirte.’ Una plegaria de carne y despedida.


